Economía en Tiempos de Pandemia

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Abril 06, 2020
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Este artículo sintetiza en seis acápites diferentes elementos y efectos de la crisis del covid 19 sobre la economía global y la colombiana. El escrito realizado por el economista asociado de la firma, Juan Pablo Fernández, sustenta, desde el punto de vista económico, cómo la coyuntura actual se enmarca en la fuerza mayor y cómo los agentes de la economía deben seguir muy de cerca el contexto para actuar de la manera más adecuada durante esta crisis que se extenderá, mínimo, a lo largo del 2020.

1. Lo único cierto es la incertidumbre

La economía global está en recesión. Esto ya no se discute, se habla es de la dimensión de la crisis. En el último mes, por ejemplo, las pérdidas son de la misma magnitud a las mundialmente acumuladas en los tres años que siguieron al infarto de Wall Street de octubre de 2008. Un mes concentró tres años de pérdidas.

Los economistas y las instituciones económicas globales dialogan sobre cuál será el comportamiento del PIB. Hablan de una V (efecto revote), U (recuperación lenta), L (caída y estancamiento), o I (caída libre). ¿Qué pasará? No se sabe con precisión. Este es un momento de incertidumbre muy particular que obliga a las lecturas tranquilas y profundas de la evolución de los hechos.

Ni en la Gran Depresión iniciada en 1929 ni la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de la actividad económica cerró como ha sucedido en China, Estados Unidos, Europa y América Latina. El mundo enfrenta la primera gran depresión del Siglo XXI con efectos aun por conocerse en su tamaño y extensión en el tiempo. Existen además dudas sobre qué porción de los medios de producción (capital acumulado en maquinaria, equipo, edificios, medios de transporte, etc.) después de la frenada en seco estará disponible para operar, ya sea porque se tenga el capital para "encenderlos" o porque se dañen por la parada. El capital, el trabajo y el sistema de creencias se encuentra en vilo.

Previo al estallido de la depresión del Covid 19 el mundo ya arrastraba problemas. En el informe de octubre de 2019 Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hablaba de una disminución drástica del crecimiento económico y de cómo en las economías avanzadas el debilitamiento había sido generalizado y en las emergentes y en desarrollo el "enfriamiento" era pronunciado. La institución describía un mundo de tensiones macroeconómicas y financieras, de desequilibrios externos en las principales economías, de pugnacidad comercial, y de alto endeudamiento de todos los agentes económicos (empresas, consumidores y Estados). El globo seguía bajo los efectos de la Gran Recesión de 2008.

2. Restablecer el circuito económico

El circuito económico está roto. Los números de los efectos económicos del Covid 19 superan la ficción: Más de 80 mil millones de dólares de capitales han salido de las economías emergentes; 24 billones de dólares en pérdidas en los mercados accionarios. Caídas trimestrales de hasta 30 por ciento en el PIB; pérdidas de más de 25 millones de empleos y aumento de la pobreza, la indigencia y la desigualdad; y la FAO, la OMS y la OMC hablan de penuria alimentaria por la posible oleada de restricciones al comercio global de alimentos.

La globalización como se conoce está fuertemente golpeada y se cuestionan la efectividad de sus métodos tradicionales de defensa en medio de esta particular depresión, donde se exacerbará la competencia por la supremacía global entre las dos principales potencias, quienes, valga decir, tienen profundas conexiones y dependencias. El 97 por ciento, por ejemplo, de los antibióticos que se consumen en EE.UU. provienen de China, país que se ha convertido en la gran fábrica del mundo.

Las principales economías del mundo están empleando su arsenal de medidas económicas, incluso algunas proscritas por las líneas más ortodoxas del pensamiento económico. La Reserva Federal de Estados Unidos (el banco central del mundo) está emitiendo dólares a diestra y siniestra y comprando directamente la deuda de los agentes económicos; y el gobierno norteamericano le enviará un cheque a los hogares para que sigan gastando. El Estado inglés les está subsidiando a las empresas el pago de las nóminas y dándoles créditos condonables, y a los bancos se les ha prohibido repartir utilidades y emplear la liquidez inyectada por el Banco de Inglaterra para la recompra de acciones. Medidas de este tipo o corte más heterodoxo se replican a lo largo y ancho del globo terráqueo.

3. Mantener la demanda y salvar a la empresa

Para la economía colombiana enfrentar este doble choque (caída del precio del petróleo y la salida de capitales, y coronavirus) implica que las autoridades, además de la atención en salud, tengan dos propósitos estratégicos de política económica: (i) sostener a como dé lugar la capacidad de compra de toda la población y (ii) proteger a la empresa como el centro de unidad entre el trabajo y el capital, y en especial a la micro, pequeña y mediana. El plan fiscal de atención de la crisis económica y social del gobierno nacional no llega al dos por ciento del PIB. En otros países esos planes valen más del cinco por ciento. Estados Unidos, por ejemplo, en este primer envión contempla un plan de más del 9 por ciento del PIB y el de Perú equivale al 14 por ciento. 10 por ciento del PIB nacional son 100 billones de pesos.

El país cuenta con el espacio fiscal para tomar medidas de mayor calado y permitir acceder a un ingreso básico para sostener el consumo, no solo a la población en indigencia y pobre atendida por programas del Departamento de Acción Social, sino también a todos los afiliados al Sisben (23 millones de personas), a las personas vulnerables, a la clase media y al resto de los habitantes del país hasta cubrir mínimo al 90 por ciento de la población.

Evitar la quiebra de las empresas y atender, particularmente en razón a su debilidad, a las MiPyMe debe cumplirse sin recatos. Las grandes empresas tienen caja para resistir más de dos meses de parálisis, aunque eso no puede entenderse como dejarlas al garete. Deberán suspender la repartición de dividendos, no hacer procesos de recompra de acciones y acceder a líneas de crédito especiales que les permitan mantener una adecuada estructura de capital acorde con la situación.

Según un estudio de JP Morgan Chase Institute, la mitad de los pequeños y medianos negocios en Estados Unidos tienen caja para aguantar hasta por 27 días si sus ingresos se detuvieran, rango que varía según la intensidad en mano de obra o en capital. Y según Acopi Bogotá-Cundinamarca 97 por ciento del espectro de empresas MiPyMe tendrán tensiones financieras para pagar la nómina en medio de la actual cuarentena, vigente, en principio, hasta el próximo doce de abril.

La MiPyMe, según Acopi Bogotá-Cundinamarca, genera 9 millones de empleos aproximadamente y sostener esta nómina vale más de 12 billones de pesos al mes. Es evidente la necesidad de crear un plan especial de salvamento para este segmento empresarial, y las medidas del Estado en materia de gasto y de capacidad de acción hasta ahora dispuestas son insuficientes para una crisis que por cada mes de cuarentena cuesta entre 25 y 33 billones de pesos. Quien mayor fuerza tiene es el gobierno nacional en razón al número de herramientas legales con las que dispone y a que en este momento puede hacer modificaciones legislativas para ampliar el arsenal necesario para afrontar los problemas de una economía en tiempos de pandemia, siempre cuidando los avances del país en materia de derechos sociales, económicos y culturales.

4. Política económica para un coma inducido

Se está ante una crisis de demanda y de oferta. La inmensa mayoría de la población necesitará apoyos para sostener la demanda. Sin embargo, después de superadas cada una de las cuarentenas para controlar la expansión del virus muchas empresas serán incapaces de arrancar por haberse gastado sus reservas y capacidad de endeudamiento en aguantar la parálisis. También se necesitarán recursos para el volver a empezar de las empresas y de los trabajadores. Por eso la demanda y la oferta deberán gestionarse de una nueva forma.

Los analistas y autoridades se debaten entre parar la economía, algunos hablan de ponerla a hibernar, o permitir su funcionamiento para evitar una crisis más honda. El dilema moral de la bolsa o la vida. Se necesita una política económica propia de este nunca visto modo pandemia para enfrentar a la economía zombi. El capitalismo vigente no está predispuesto para la hibernación porque una porción inmensa de los agentes económicos carece de las reservas para caer en ese estado y son incapaces de detener el sistema digestivo de la economía.

Hay que administrar este coma inducido con medidas heterodoxas que garanticen la producción y el consumo nacionales de bienes y servicios fundamentales, y que a todo aquello que no haga parte de este listado de actividades pueda hacérsele un mantenimiento para garantizar su operatividad futura.

5. ¿Es posible detener la expansión de la pandemia?

El director general de la OMS ha explicado que las inmovilizaciones parciales o totales de la población tienen por propósito "ganar tiempo y reducir la presión sobre los sistemas de salud," pero estas medidas "no extinguirán las epidemias. El objetivo de estas acciones es permitir las medidas más precisas y específicas que se necesitan para detener la transmisión y salvar vidas.". Es decir, sin disponibilidad de la vacuna y medicamentos para el Covid 19, la situación es de alta complejidad. Aunque la cuarentena traslada en el tiempo el número de infecciones y muertes —acción que debe armonizarse con la inmunización de la población—, las desigualdades en materia económica y de acceso a los servicios de salud son un enorme talon de Aquiles en el control de la enfermedad durante una emergencia que podría extenderse entre 12 y 18 meses.

Las pandemias tienen un proceso de expansión y posterior inmunización de la población. Esto es lo que las autoridades están tratando de descifrar y controlar. En materia económica se necesita, a toda costa, sostener la demanda y la oferta agregada redefinidas, es decir, categorizadas según los niveles estratégicos esenciales y no esenciales. Se agravarán tradicionales problemas de salud pública y el estado de salud mental empeorará. Se tendrá que debatir la conveniencia de tener las cadenas de suministro industrial y agropecuaria más allá de las fronteras nacionales, por lo menos en lo relacionado con bienes y servicios esenciales. Y deberá corregirse el debilitamiento de las instituciones y medidas de salud pública.

6. Evitar la banca rota

La depresión Covid 19 abre la puerta al colapso del sector real y a la debacle financiera. Colombia, como una nación expuesta en sus cuentas externas a coletazos internacionales y con un aparato productivo dependiente de importaciones de materias primas, bienes intermedios, de capital y de consumo final, tiene un futuro muy complejo.

Exministros y excodirectores del Banco de la República, analistas y académicos de diversas tendencias ideológicas, voceros de reconocidos centros estudios, etc., le han pedido al gobierno nacional usar todas las medidas posibles. Han solicitado contemplar la emisión de dinero (con los riesgos que esto implica), aumentar el endeudamiento público y el déficit fiscal, financiación directa del Banco de la Republica al gobierno nacional, sustituir importaciones de bienes agropecuarios e industriales, reforzar las cadenas nacionales de suministro, control de capitales, expandir el crédito poniéndole restricciones a la banca privada, entre muchas otras políticas de salvamento socioeconómico que eviten la banca rota generalizada que ya afecta a muchas personas y sectores económicos.

***
Este artículo fue escrito por Juan Pablo Fernández, economista asociado de la firma, y es la primera entrega de una serie de documentos con reflexiones sobre la situación y de propuestas de política económica para enfrentar esta particularísima crisis. Los documentos se compartirán periódicamente primero a los clientes y después se pondrán a disposición del público en general.

En la próxima entrega se analizarán los impactos de esta crisis en la economía colombiana y las medidas tomadas por el gobierno nacional.

Bogotá, 6 de abril de 2020


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